La piel de los anfibios podría almacenar el tratamiento para una variedad de enfermedades causadas por hongos, virus y bacterias. Estos animales considerados farmacias vivientes, son estudiados en Ecuador para su potencial en el campo de la biomedicina.
Luis Coloma, director del Centro Jambatu de Investigación y Conservación de Anfibios, explica que las ranas tienen una piel "única". Esta es como una membrana que está en contacto directo con el agua, el aire y la tierra. Para protegerse de los patógenos que se encuentran en estos ambientes, han desarrollado distintas moléculas que funcionan como escudo, péptidos, que están siendo analizados por su capacidad para contrarrestar enfermedades.
Estos péptidos se encuentran en las secreciones del animal, que se conservan a -70ºC para su posterior análisis.Carolina Proaño, directora del Laboratorio de Biología Molecular y Bioquímica de la Universidad Amazónica de Ikiam, cuenta que en total se han identificado 94 nuevos péptidos en las tres especies más estudiadas: Cruziohyla calcalifer, Agalychnis spurelli y Boana picturata. De estos, 42 tienen actividad microbial, 16 vasoactiva, 18 son inhibidores de proteasa y 18 tienen una actividad desconocida. Proaño explica que, debido a sus propiedades, estos podrían servir como estructuras claves para el desarrollo de nuevos tratamientos contra enfermedades virales y parasitarias como el VIH, hepatitis C, malaria, gripe o dengue. También tienen potencial biomédico en el tratamiento del Alzeimer, cáncer, hipertensión...
Ecuador es el país que cuenta con un mayor número de especies de anfibios por metro cuadrado a escala mundial, por lo que existe una gran probabilidad de encontrar una variedad de moléculas que pueden aportar para el tratamiento de enfermedades.
Miryan Rivera, investigadora principal en el Centro de Investigación de la Salud en América Latina afirma que se están realizando investigaciones relacionadas a la leucemia y al melanoma. En estos casos, se ha observado que el péptido se pega a la membrana de la célula maligna y la perfora hasta matarla. Un aspecto sorprendente es que las moléculas no atacan a las células sanas. También aclara que por el momento los estudios se han realizado en células aisladas en el laboratorio. La idea es poder pasar lo antes posible a una siguiente fase y probarlo en un sistema vivo.
En conclusión, estas investigaciones podrían ayudar al tratamiento de enfermedades graves, pero es necesaria la utilización de estas especies de anfibio, una razón más para cuidar su hábitat y a ellas mismas.
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