Desde que comenzó la crisis del coronavirus, lo que más ha obsesionado a médicos y científicos de todos los países ha sido una sola cosa: lograr una cura o vacuna lo antes posible. Y es que todos los epidemiólogos saben que, a parte de las medidas de distanciamiento social, es necesario trabajar sobre tres ejes: en lo inmediato, buscar tratamientos para las personas enfermas; luego, vendrían las estrategias de vacunación para impedir nuevas infecciones y, por último, la investigación fundamental para entender mejor los mecanismos del virus y mejorar lo creado.
Aunque sobre la vacuna todavía queda mucho por investigar y ensayar, sí que se han descubierto ciertos principios activos que pueden ayudar al organismo a combatir el virus. Uno de estos, el más prometedor al igual que polémico, es la hidroxicloroquina.
Reconocida por la FDA (Food & Drug Administration) en 1955, se trata de un medicamento que se usa, generalmente, para tratar diferentes enfermedades como la malaria (paludismo), la artritis reumatoide, el lupus discoide crónico y el lupus eritematoso sistémico. Además, este principio no sólo se utiliza para curar, en el caso de la malaria también se puede administrar de manera profiláctica (es decir, para prevenir una infección). Normalmente, se suele comercializar en forma de sulfato de hidroxicloroquina bajo el nombre de Plaquenil, producido por Sanofi Adventis.
Cómo actúa esta sustancia en el cuerpo es todavía, en parte, un misterio. Lo que sí que se sabe, es que la hidroxicloroquina altera el pH de los lisosomas, que son las partes de las células que actúan como destructor de residuos tóxicos mediante la acidez.
¿Cómo afecta al coronavirus?
Varios estudios sugieren una actividad antiviral de este principio activo que parece tener un potencial de inhibición de la infección y de propagación del virus, algo que ya pasó con el SRAS Cov-1 de la epidemia de 2003. Pero para entender su acción, hay que comprender el proceso de infección.
Para entrar e infectar una célula, el virus necesita enlazar sus picos (spikes) con un receptor celular denominado ACE2, que fue identificado al comienzo de la pandemia y cuyo hallazgo se publicó el 3 de febrero en la revista científica Nature.
Una vez hecho este descubrimiento, un equipo científico chino demostró, posteriormente, que la hidroxicloroquina lograba inhibir los receptores ACE2, lo que impediría la entrada del virus y, con ello, la infección.
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