Estamos acostumbrados a oír que el hierro oxidado no es bueno, pero un reciente estudio científico nos demuestra que en cantidades nanométricas, el hierro puede utilizarse para diagnosticar enfermedades o para tratar el cáncer.
Por ejemplo, la magnetita a escala macroscópica actúa como imán, pero si la tenemos en una esfera de 10 nm de diámetro, pasamos a tener una propiedad llamada supermagnetismo. Esto significa que a temperatura ambiente, en agua y debido a su tamaño, estas partículas no presentan magnetismo ya que la esfera da vueltas al azar sin ningún tipo de orientación definida, pero que cuando la acercamos a un imán se produce una respuesta magnética muy intensa y estas propiedades nos permiten hacer usos muy interesantes de ellas. Una de las que voy a mencionar son las brújulas vivientes, que la técnica concretamente se llama "hipertermia magnética" y consiste en acumular las nanopartículas (ya mencionadas) en el tumor, para que una vez allí, aplicar un campo magnético desde el exterior y producir calentamiento de las células tumorales para que acabe con ellas. Dicho calentamiento es posible gracias a las propiedades magnéticas de este nanomaterial.
Por último, voy a mencionar que algunas bacterias son capaces de producir en su interior pequeñas nanopartículas de magnetita y se denominan magnetosomas. Hacen esto para detectar las líneas del campo magnético terrestre y de esa manera se pueden orientar.
Por aquí os dejo una foto de estas bacterias:

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